Trabajo y rectitud

 

Estudiar en la Escuela de Minas daba estatus en esa época. Los estudiantes  se impregnaban del espíritu del establecimiento y el slogan “trabajo y rectitud” se convertía en una convicción para la vida.

Humberto después de graduarse entró a trabajar en la oficina  “Suárez y Arango”, con la ayuda de su suegro Ignacio Ospina. Víctor Suárez fue su maestro porque tenía un sentido práctico de las cosas y se mantenía al día. Trabajó con él cuatro años y aprendió lo que era la real ingeniería, después de tanta teoría en la Escuela. Allí aprendió a calcular y a dibujar. Su primer trabajo fue trasladar un puente de Colombia  a Ayacucho. Se asustó mucho con esa primera obra y casi no duerme. Un desbordamiento del río Medellín arrasó con las fundaciones, pero al final todo salió bien. En adelante le tocó hacer puentes, casas, fábricas. Suárez calculó edificios tan importantes como el Banco de Colombia, el edificio Fabricato, el edificio Miguel de Aguinaga.

 Llegó a supervisar hasta 12 obras al mismo tiempo y se ganaba 600 pesos mensuales antes de renunciar para independizarse. Cuando se retiró,  le dieron un buen trabajo en el Sena y empezó calculando y dibujando él mismo. Desde entonces y hasta hoy, ha estado activo en el medio durante 55 años, gracias a su capacidad para mantenerse actualizado,  estudiando todas las tecnologías nuevas, incluyendo los sistemas. Siguió el consejo de su maestro Suárez: “Humberto,  un computador es muy peligroso en un muchacho sin experiencia porque le mete mierda y  él saca boyos”. Aproximadamente en 1968 conformó  la firma  Humberto Velásquez B. y cia., porque el medio era más exigente en ese sentido.

A lo largo de estos 55 años ha calculado más de 1.800 obras. La más importante técnicamente son las Torres de Marco Fidel, de 28 pisos, construida por el ICT en 1973.  El proceso duró  3 años porque son 3 torres y una plataforma. Otra obra importante son los silos de Cementos Río Claro. Se trata de cilindros de acero de 40 mts de altura por 18 mts de diámetro. Cuando calculó el primer silo, lo mandaron a hacer a Bogotá y allí dijeron que ese silo iba a caerse. Él sustentó sus diseños y al final tuvieron que reconocer que estaban bien calculados. Todavía están en pie a pesar de que la guerrilla le puso un bulto de dinamita a una de sus 8 patas. La catedral de Armenia es otra obra significativa para él. Una construcción sencilla  con  técnica que fue muy nueva en su época y salió completamente ilesa del terremoto de 1.999 en esta ciudad.

Los últimos años ha trabajado con la empresa Guía Ltda., calculando  instituciones educativas del Ministerio de Educación en todo el país.

En los primeros años de su vida profesional fue profesor de estructuras y concreto en 4º semestre de Ingeniería Civil en la Escuela de Minas.  Tuvo excelentes alumnos que luego fueron muy sobresalientes y casi todos trabajaron en la firma Integral.  Su actividad como profesor terminó  cuando no quiso apoyar un movimiento para desistir la renuncia del decano Luis de Greiff. Un genio según él, pero mal profesor y decano.

Humberto también hizo pinitos como empresario con dos experiencias que fueron los productos comestibles Ponry  y Uniformes Industriales.

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